
Cumplimiento. Sigues de cerca las novedades, redactas la normativa para poder marcar todas las casillas y estás 'listo para operar'. ¿Seguro?
Como responsable de Cumplimiento sabes que no es así. Sin embargo, hasta hace pocos años la profesión se parecía bastante a esa imagen. Para el mundo exterior, al menos… cumplimiento significaba revisar la legislación, redactar procedimientos y asegurarse de que las personas empleadas los conocieran. Por ejemplo, organizando formaciones de sensibilización y evaluaciones (bi)anuales. Si todo estaba bien organizado y se respetaba la normativa, el trabajo estaba hecho. Si no, tocaba interpretar el papel de inspector y señalar a quienes incumplían las reglas. Había que marcar todas las casillas. Por suerte, la función está transformándose y el cumplimiento gana protagonismo. ¿Qué está pasando en este ámbito?
El cumplimiento gana terreno
El cumplimiento es cada vez más relevante. En parte gracias (o más bien debido) a varios escándalos recientes que alimentaron el debate. ING, por ejemplo, tuvo que llegar a un acuerdo con la Fiscalía en 2018 por no investigar de forma suficiente operaciones sospechosas de blanqueo. Las interrupciones de red en empresas energéticas. O equipos de atención al cliente que ponen en riesgo la reputación de su compañía por saltarse el guion. A raíz de estos casos, los reguladores se han vuelto más estrictos y el cumplimiento ha adquirido un papel clave en las organizaciones. Además, las leyes se endurecen y surgen nuevas normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Revisar la legislación, definir políticas, garantizar que el personal las conozca y rendir cuentas al consejo es ahora más importante que nunca. Pero la pregunta permanece: ¿más reglas garantizan un mejor cumplimiento?
La cultura organizativa y el cambio de comportamiento
Muchas personas responsables de Cumplimiento responderán que no. El cumplimiento ya no consiste solo en casillas marcadas e informes. Al fin y al cabo, saber qué dicen las reglas no implica cumplirlas. Y si se ignoran —incluso a conciencia—, los procedimientos sirven de poco. Tal vez parezca una infracción menor, pero puede acarrear consecuencias importantes. Pensemos en algo sencillo: personal técnico que presta las herramientas de la empresa a vecinos para un arreglo durante el fin de semana. Saben que está prohibido, pero lo hacen igualmente. Puede que no perciban la gravedad de la norma, que minimicen los riesgos o que simplemente imiten el comportamiento de colegas. Cuando muchas personas de la organización se saltan las reglas, resulta fácil seguir su ejemplo. En ese punto, esquivar la normativa se convierte en parte de la cultura corporativa. Por eso imponer el cumplimiento y la integridad no es tarea sencilla.
Adiós a la “cultura del tic”
Las reglas que se incumplen pese a todos los esfuerzos de cumplimiento son, a menudo, el foco real del problema. Generan “falsas marcas” en las casillas. De ahí que el rol del responsable de Cumplimiento evolucione. Las preguntas pasan de “¿Conoce todo el mundo las reglas?” a “¿Se cumplen realmente?” y, lo que es más importante: “¿Por qué no se cumplen?” y “¿Cómo logro que sí lo hagan?”. Para resolverlo hay que trabajar cada vez más con el cambio de comportamiento y la cultura organizativa. Se trata de fomentar la sensibilización y el compromiso con el programa de cumplimiento e integridad: lograr que las personas actúen de forma consciente y competente en todos los niveles de la organización. Esto exige conectar con áreas clave para la cultura y el comportamiento, como Recursos Humanos y TI. El cumplimiento se consigue en colaboración y requiere comprender las responsabilidades de cada equipo. Así, el conjunto de tareas se expande. Además de redactar y comunicar, toca vincular, convencer e inspirar.
*En este artículo puedes leer más sobre la “cultura del tic” y por qué supone un problema para el cumplimiento.*
Las soft skills toman el relevo
Para lograrlo se necesita un arsenal de soft skills. Quien lidera Cumplimiento debe desplegar capacidad de persuasión, habilidades de comunicación y competencias de coaching. El rol se divide en dos vertientes: la parte dura de informar, revisar y monitorizar, y la parte blanda de conectar y convencer. Solo así se consigue que las reglas no solo se conozcan, sino que se respeten en toda la organización. La dualidad del puesto es cada vez mayor. ¿Cómo vas a distribuir tu tiempo y tu atención?
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