
Las sustancias altamente preocupantes (SVHC) son los químicos más dañinos para las personas y el entorno. Las organizaciones deben mantener la pericia al día para adelantarse a los riesgos.
Las sustancias altamente preocupantes (SVHC, por sus siglas en inglés) son los químicos más dañinos para las personas y el medioambiente. Aun así, llegan con facilidad a nuestro entorno a través de innumerables procesos. Por ello, las empresas —incluidas las neerlandesas— están obligadas a reducir las emisiones al mínimo. Sin embargo, muchos profesionales siguen entrando en contacto con SVHC en su trabajo cotidiano, lo que entraña riesgos para su salud y aumenta la probabilidad de incidentes. Un reciente artículo de NRC sobre el aeropuerto de Schiphol (opens in new tab) vuelve a poner de relieve la urgencia del tema. Elevar y mantener el conocimiento sobre estas sustancias es, por tanto, crucial. Aquí radica el verdadero reto: ¿cómo logramos que los equipos permanezcan actualizados y conscientes de los riesgos asociados a las SVHC? En este artículo explico por qué el enfoque tradicional ya no basta.
Hoy es A, mañana es B
Se calcula que actualmente existen unas 350 000 sustancias químicas, de las cuales el Instituto Nacional de Salud Pública y Medioambiente (RIVM) de los Países Bajos ha clasificado alrededor de 1500 como SVHC. De muchas otras aún no sabemos si acabarán entrando en esta categoría, y cada año se desarrollan nuevos compuestos. Se trata de un ámbito en constante evolución, en el que la legislación y la normativa cambian con rapidez. No obstante, las implicaciones de la regulación sobre SVHC pueden ser enormes. Basta pensar en el debate sobre las PFAS (sustancias perfluoroalquiladas), que estalló cuando se demostró que eran más dañinas de lo que se creía. Incluso ante cambios tan vertiginosos, las organizaciones deben reaccionar con agilidad, basándose en información fiable y un conocimiento sólido.
Pericia técnica y conciencia situacional
Un reciente informe (opens in new tab) de la Asociación de Municipios Neerlandeses (VNG), la Organización Interprovincial (IPO) y la red de Servicios Medioambientales (Omgevingsdienst NL) concluye que la mayor carencia es la de conocimientos técnicos sobre las SVHC. ¿Cómo se integran en la cadena de producción? ¿Qué ocurre cuando se dispersan en el entorno? ¿Qué obligaciones existen en materia de notificación y permisos? Este saber es indispensable para evaluar solicitudes de empresas que trabajan con estas sustancias. También lo necesitan los equipos de campo —como los inspectores medioambientales— cuando se topan con situaciones sospechosas y deben determinar si se han vertido químicos. Además, es necesario comprender el contexto: qué empresa solicita un permiso, en qué entorno aparece un residuo químico y qué implicaciones tiene.
Las personas no lo recuerdan todo
La rapidez con la que cambian el panorama de las SVHC y la normativa asociada dificulta mantener el conocimiento y la sensibilización. Cuando los titulados empiezan a trabajar en ámbitos jurídicos o medioambientales, su saber sobre políticas de SVHC ya ha quedado desfasado. Quizá conozcan los procesos administrativos, pero la comprensión de los riesgos ligados a sustancias peligrosas se va erosionando. Muchas organizaciones siguen recurriendo a formaciones tradicionales presenciales u online para refrescar conocimientos. El e-learning suele ser la opción preferente. Y ahí reside el problema: se trata de formaciones puntuales tras las cuales el nivel de conocimiento cae de forma inevitable. Las personas, simplemente, no lo retienen todo. Con las SVHC, lo que buscas es que la información crítica esté asegurada y siempre presente.
Evitar la caída del conocimiento
Para conservar un nivel de conocimiento constante es necesario apostar por la educación continua. Hablamos de una plataforma de aprendizaje que, mediante algoritmos inteligentes, inteligencia artificial y analítica predictiva, mida y monitorice la pericia de cada empleado. Así se detecta qué temas siguen resultando complejos y se puede actuar para reforzar exactamente esas competencias. Este proceso debe ser continuo; de lo contrario, la caída del conocimiento es inevitable. Además, el contenido formativo debe actualizarse sin pausa. Aparecen nuevas SVHC y los reglamentos y protocolos sobre cómo manipularlas se ajustan continuamente conforme surgen nuevos criterios, políticas y normativas.
Explorar nuevos caminos
Para quienes trabajan con SVHC, lo esencial es desarrollar la comprensión y la conciencia necesarias para reconocer situaciones y sacar conclusiones acertadas sobre sustancias peligrosas. El cerebro solo se abre a nuevos conocimientos cuando entiende el contexto. Esto no se logra con una formación única y un examen final. Al contrario: requiere repetición y actualizaciones constantes. Cuando hablamos de SVHC nos referimos a la salud, el medioambiente y el futuro. Esto exige un conocimiento elevado y obliga a las organizaciones a explorar nuevas vías para formar a los profesionales que marcan la diferencia en sus territorios.
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